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Las Graves consecuencias de Evadir el Árbol Familiar


El Árbol genealógico más que un dibujo, más que una acumulación de datos y viejas historias, más que la historia familiar de una persona, es fundamental para entender su presente, sus circunstancias, su vida, su identidad, problemáticas que la aquejan, el para qué está en este mundo, en este cuerpo y en esta vida.


Su elaboración ayuda a solucionar problemas emocionales, a desprogramar la mente de limitantes, a reforzar el autoestima, a desbloquear memorias de carencia, a mejorar relaciones, a entender enfermedades, a encontrar el real sentido y misión de vida.


La familia es compleja, es como una olla a presión psicológica llena de secretos, tabúes, silencios, limitantes, frustraciones, vergüenzas y represiones.

Y cada integrante, es portador de los conflictos no solucionados de su árbol.


Un árbol familiar postergado o no trabajado en profundidad, es como si cobrara vida y nos convirtiera en una especie de chivo expiatorio: haciéndonos sufrir, impidiéndonos amar, tener relaciones sexuales placenteras, realizarnos en nuestro propósito de vida, ser abundantes económicamente, ser felices.

Ingenuamente pensamos que el trabajo con el árbol es dedicarle un par de tiempo al niño o la niña interior. Que basta con saber ciertos nombres y problemas de algunos ancestros. Que es suficiente con prender una vela y personales. El trabajo con el árbol familiar es serio, porque es esencial para el desarrollo humano.

Saltarlo en no elevar vuelo nunca, seguir repitiendo patrones de por vida.

No basta ni con Reiki, ni PNL, ni con registros akáshicos, ni decretos, ni regresiones. No basta. El Árbol es el Transgeneracional. Directo ahí, sin rodeos.

Una persona puede hacerse la loca y omitir su paso por el árbol, tiene libertad para eso. La mente programada encontrará mil excusas: no tengo tiempo, no tengo dinero, no lo necesito.


Pero quienes sabemos en profundidad lo que significa la memoria del clan para la vida, miramos con compasión a quienes lo evaden.

Seguirán arrastrando cadenas pesadas e invisibles, por ejemplo:


Seguirán dependiendo del sistema, vivirán en la esclavitud de trabajar en un horario impuesto por otr@ y descansando en los días que otr@ le dice que puede descansar. Seguirán esperando el sueldo fijo porque no saben cómo generar recursos de forma independiente y en libertad.

Seguirán solo pagando cuentas porque el dinero se les escapa entre las manos, seguirán constantemente agotad@s y cansad@s de tanto que sienten que "deben hacer".

Seguirán con problemas de autoestima e inseguridades.

Seguirán dependiendo solo de un psicólogo y/o psiquiatra que les diga que deben hacer.

Seguirán sintiendo que todo es díficil y complejo.

Seguirán pensando que hay que esforzarse y sufrir para lograr algo en la vida. Seguirán repitiendo enfermedades del clan.

Seguirán desconectad@s sin saber cuál es su propósito de vida.

Seguirán picando por aquí y por allá buscando soluciones con beneficios a corto plazo.


Podríamos estar nombrando un día entero lo que implica no trabajar el árbol, lo que importa ahora escomprender que así como tenemos la libertad para evadirlo, tenemos también la libertad para hacerle frente, con valentía y corazón


¡Para agarrar fuertemente nuestros ovarios o cojones y decirle Árbol voy por ti!

Y esa decisión no mira excusas, ni de dinero ni de tiempo, porque quien da un SÍ, es un ALMA que ha entendido que MERECE o MERECE ser FELIZ cómo sea, ahora en tiempo presente: acá, no hay PUNTOS MEDIOS.



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